yo nunca sé… Por alguna razón debí pedir a alguien del trabajo que asistiera a un evento un fin de semana, un sábado en la tarde, exactamente. Lo justo (esa no debería ser la palabra porque bautizar una acción como justa o no va contra mis principios, pero ese es otro cuento que luego cuento para no enredarme con mis cuentos), creía, era otorgar un día de retribución a su tiempo libre, o algo así. Informé que pasara el día que quería tomar y obtuve una negativa. Dijo que no, que a él le gustaba trabajar y que realmente no quería días libres. Insistí y dejé la opción abierta, la cuál, a a fecha no ha sido tomada. Me extrañé pero no mucho porque en ese entonces yo llevaba muy poco en el trabajo y supuse que el man en cuestión quería mostrarse comprometido, o algo así.
A veces son la 6 y él sigue dando vueltas, como matando tiempo. Cumplió el periodo de vacaciones, pidió 6 días, los mínimos permitidos; cuándo le sugerí que tomara más me respondió que a él le gustaba trabajar y que no quería días libres. Es atento, comprometido, milimétrico, un muy buen elemento de trabajo (confieso que borré la palabra “elemento” porque se leía algo “feo”, pero luego supuse que acá puedo ser sincera y esa fue la primera que me surgió). La otra semana cumple años, y el día de cumpleaños se tiene el día libre, me preguntó que si podía ir ese día a trabajar.
No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida. Y entonces reflexioné sobre todas esas casualidades. Y me asusté. Y quise escribir tal vez para releer cuando se me esté acabando el tiempo para mí. Para estar conmigo. Quise escribir tal vez para recordar que ese tiempo no se acaba, se evita. Bueno, no sé.
No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida.
Su apellido es Alegría.
yo nunca sé…
Por alguna razón debí pedir a alguien del trabajo que asistiera a un evento un fin de semana, un sábado en la tarde, exactamente. Lo justo (esa no debería ser la palabra porque bautizar una acción como justa o no va contra mis principios, pero ese es otro cuento que luego cuento para no enredarme con mis cuentos), creía, era otorgar un día de retribución a su tiempo libre, o algo así. Informé que pasara el día que quería tomar y obtuve una negativa. Dijo que no, que a él le gustaba trabajar y que realmente no quería días libres. Insistí y dejé la opción abierta, la cuál, a a fecha no ha sido tomada. Me extrañé pero no mucho porque en ese entonces yo llevaba muy poco en el trabajo y supuse que el man en cuestión quería mostrarse comprometido, o algo así.
A veces son la 6 y él sigue dando vueltas, como matando tiempo. Cumplió el periodo de vacaciones, pidió 6 días, los mínimos permitidos; cuándo le sugerí que tomara más me respondió que a él le gustaba trabajar y que no quería días libres. Es atento, comprometido, milimétrico, un muy buen elemento de trabajo (confieso que borré la palabra “elemento” porque se leía algo “feo”, pero luego supuse que acá puedo ser sincera y esa fue la primera que me surgió). La otra semana cumple años, y el día de cumpleaños se tiene el día libre, me preguntó que si podía ir ese día a trabajar.
No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida. Y entonces reflexioné sobre todas esas casualidades. Y me asusté. Y quise escribir tal vez para releer cuando se me esté acabando el tiempo para mí. Para estar conmigo. Quise escribir tal vez para recordar que ese tiempo no se acaba, se evita. Bueno, no sé.
No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida.
Su apellido es Alegría.