“Nicki se acerca a Lorinna y le ofrece un ramo de flores. Lorinna estornuda. LORINNA: Lo siento, soy rinítica. Grillito se acerca a Lilith y le ofrece una caja de chocolates. LILITH: Lo siento, soy hipoglicémica. Jacobo se acerca a Lucía y le ofrece un libro (aunque nadie reconoce el título se sabe que también ha sido escrito por el autor de esta obra). LUCÍA: Lo siento, soy… JACOBO: … analfabeta? Jacobo besa a Lucía.”
“Y supe que estaba en problemas cuando entendí que lo único que me hacía feliz era irme. Irse, no como destino, si no como medio. Entonces opté por no entender, y entendí que la felicidad resulta fácil no entendiendo. Resulta.”
“…Me digo: «Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos». No es que sienta nada. Sé solamente que es así, que en algún lado cruzo un puente en el instante mismo (pero no sé si es el instante mismo) en que el chico de los Rivas me acepta el té y pone su mejor cara de tarado. Y aguanto bien porque estoy sola entre esas gentes sin sentido, y no me desespera tanto…”
De nada.
Como pausada por el recuerdo. Inmaterializada  por las lágrimas. Implorando un aguacero que distrajera la disimulada audiencia. Con el peso del sentimiento. Con la liviandad de las palabras. Con el bullicio de la calle. Ah, pero si nada es para siempre. Ni siquiera el dolor. Con la película en reversa.         Ah, pero si la película no tiene tramos malos. Con un guión no ensayado. Con libretos fallidos sin repetición. Con el estribillo que hizo feliz al director. Ah, pero no quiero que me lastime. Ah, pero es que somos humanos.

Como pausada por el recuerdo.

Inmaterializada  por las lágrimas.

Implorando un aguacero que distrajera la disimulada audiencia.

Con el peso del sentimiento.

Con la liviandad de las palabras.

Con el bullicio de la calle.

Ah, pero si nada es para siempre. Ni siquiera el dolor.

Con la película en reversa.        

Ah, pero si la película no tiene tramos malos.

Con un guión no ensayado.

Con libretos fallidos sin repetición.

Con el estribillo que hizo feliz al director.

Ah, pero no quiero que me lastime.

Ah, pero es que somos humanos.

yo nunca sé… Por alguna razón debí pedir a alguien del trabajo que asistiera a un evento un fin de semana, un sábado en la tarde, exactamente. Lo justo (esa no debería ser la palabra porque bautizar una acción como justa o no va contra mis principios, pero ese es otro cuento que luego cuento para no enredarme con mis cuentos), creía, era otorgar un día de retribución a su tiempo libre, o algo así. Informé que pasara el día que quería tomar y obtuve una negativa. Dijo que no, que a él le gustaba trabajar y que realmente no quería días libres. Insistí y dejé la opción abierta, la cuál, a a fecha no ha sido tomada. Me extrañé pero no mucho porque en ese entonces yo llevaba muy poco en el trabajo y supuse que el man en cuestión quería mostrarse comprometido, o algo así.  A veces son la 6 y él sigue dando vueltas, como matando tiempo. Cumplió el periodo de vacaciones, pidió 6 días, los mínimos permitidos; cuándo le sugerí que tomara más me respondió que a él le gustaba trabajar y que no quería días libres. Es atento, comprometido, milimétrico, un muy buen elemento de trabajo (confieso que borré la palabra “elemento” porque se leía algo “feo”, pero luego supuse que acá puedo ser sincera y esa fue la primera que me surgió). La otra semana cumple años, y el día de cumpleaños se tiene el día libre, me preguntó que si podía ir ese día a trabajar. No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida. Y entonces reflexioné sobre todas esas casualidades. Y me asusté. Y quise escribir tal vez para releer cuando se me esté acabando el tiempo para mí. Para estar conmigo. Quise escribir tal vez para recordar que ese tiempo no se acaba, se evita. Bueno, no sé.  No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida. Su apellido es Alegría.

yo nunca sé…

Por alguna razón debí pedir a alguien del trabajo que asistiera a un evento un fin de semana, un sábado en la tarde, exactamente. Lo justo (esa no debería ser la palabra porque bautizar una acción como justa o no va contra mis principios, pero ese es otro cuento que luego cuento para no enredarme con mis cuentos), creía, era otorgar un día de retribución a su tiempo libre, o algo así. Informé que pasara el día que quería tomar y obtuve una negativa. Dijo que no, que a él le gustaba trabajar y que realmente no quería días libres. Insistí y dejé la opción abierta, la cuál, a a fecha no ha sido tomada. Me extrañé pero no mucho porque en ese entonces yo llevaba muy poco en el trabajo y supuse que el man en cuestión quería mostrarse comprometido, o algo así. 

A veces son la 6 y él sigue dando vueltas, como matando tiempo. Cumplió el periodo de vacaciones, pidió 6 días, los mínimos permitidos; cuándo le sugerí que tomara más me respondió que a él le gustaba trabajar y que no quería días libres. Es atento, comprometido, milimétrico, un muy buen elemento de trabajo (confieso que borré la palabra “elemento” porque se leía algo “feo”, pero luego supuse que acá puedo ser sincera y esa fue la primera que me surgió). La otra semana cumple años, y el día de cumpleaños se tiene el día libre, me preguntó que si podía ir ese día a trabajar.

No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida. Y entonces reflexioné sobre todas esas casualidades. Y me asusté. Y quise escribir tal vez para releer cuando se me esté acabando el tiempo para mí. Para estar conmigo. Quise escribir tal vez para recordar que ese tiempo no se acaba, se evita. Bueno, no sé. 

No, no puede ir a trabajar. No, debe tener una vida.

Su apellido es Alegría.

“Bajo la arruga, un niño. En el cabello, viento. En la memoria, un puño. Entre los dedos, tiempo. Vamos dando pasos sobre calles pisadas. Vamos dando besos sobre bocas prestadas.”
Comprar sonrisas…y zapatos Aún extraña, ajena, diferente; daba igual. Con compañía también forastera cualquier lugar brinda ventaja. Como esa picardía del ambiente resumida en que todos son factibles amigos sin amigos en común, no sé. Un bar lleno de gente bonita. Sin que suene ofensivo en esta ciudad eso me sorprendió, luego entendí que eran modelos de un evento y el resto extranjeros cuyo acento y ritmo los delataba. Jueves, me gustan los jueves y los bares tranquilos; los bulliciosos y miércoles también. Al final de la noche llegó a la mesa un gringo, de los menos churros, la verdad. Con su tropezado español dijo que quería que yo sonriera, que “mucho me miraba” porque mi sonrisa era linda. Yo, con mi tropezado inglés saludé y di gracias (con sonrojada expresada, no incluida). Me frenó y dijo que quería practicar español. Mi compañía y yo nos encantábamos y de paso, supongo, lo encantábamos sonriendo por sus expresiones, entre ellas que yo “era muy caliente”. Lo dijo porque pedí calor con las manos al que me acompañaba, pero fue divertido reforzar la expresión y de paso, ayudar a la coquetería del ambiente. Una deliciosa intervención que terminó en algo como: «quiero comprar sonrisas contigo, cuando vayas a comprar sonrisas y zapatos invítame, también son lindos tus zapatos negros». Dije que claro, que lo invitaba (obvio, muerta de risa). Ahora pienso que aún no sé en dónde ni en cuánto se compran sonrisas; zapatos, tal vez.

Comprar sonrisas…y zapatos

Aún extraña, ajena, diferente; daba igual. Con compañía también forastera cualquier lugar brinda ventaja. Como esa picardía del ambiente resumida en que todos son factibles amigos sin amigos en común, no sé.

Un bar lleno de gente bonita. Sin que suene ofensivo en esta ciudad eso me sorprendió, luego entendí que eran modelos de un evento y el resto extranjeros cuyo acento y ritmo los delataba. Jueves, me gustan los jueves y los bares tranquilos; los bulliciosos y miércoles también.

Al final de la noche llegó a la mesa un gringo, de los menos churros, la verdad. Con su tropezado español dijo que quería que yo sonriera, que “mucho me miraba” porque mi sonrisa era linda. Yo, con mi tropezado inglés saludé y di gracias (con sonrojada expresada, no incluida). Me frenó y dijo que quería practicar español. Mi compañía y yo nos encantábamos y de paso, supongo, lo encantábamos sonriendo por sus expresiones, entre ellas que yo “era muy caliente”. Lo dijo porque pedí calor con las manos al que me acompañaba, pero fue divertido reforzar la expresión y de paso, ayudar a la coquetería del ambiente. Una deliciosa intervención que terminó en algo como: «quiero comprar sonrisas contigo, cuando vayas a comprar sonrisas y zapatos invítame, también son lindos tus zapatos negros». Dije que claro, que lo invitaba (obvio, muerta de risa).

Ahora pienso que aún no sé en dónde ni en cuánto se compran sonrisas; zapatos, tal vez.

“Too much love will kill you”…
En un mundo paralelo…